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La droguería de la Trinidad


Antonio Triviño fundó la droguería de calle Carril en 1956, después de una brillante carrera como ebanista y en la actualidad, el establecimiento conserva todo el encanto de los primeros tiempos.

La drogueria de la Trinidad


ALFONSO VÁZQUEZ De un cajón saca un billete doblado de cinco pesetas de los años 50. A Antonio Triviño se lo dio la primera clienta que entró en su droguería en la trinitaria calle Carril, cuando la inauguró en 1956. "Me dijo que lo pusiera dobladito en un cajón y que mientras tuviera eso, no me faltaría dinero nunca y no pararía de venir gente". 
La profecía parece que se ha cumplido, porque a esta droguería de la Trinidad no paran de acudir clientes. "Es que vender un paquete de mistol o de detergente no es droguería, en Málaga no hay más que ésta, que vende droga industrial como sosa cáustica o azufre", explica Antonio Triviño, que presume de unos 87 años muy bien llevados. "Yo eso se lo atribuyo a haber trabajado tanto, desde los ocho años, porque el trabajo es mentira que mate a nadie", bromea.
Con ocho años, Antonio salía un poco antes de la escuela, en el Llano de la Trinidad, para llevarle el portaviandas a su padre, Mariano Triviño, tonelero en las bodegas López Hermanos. Mientras el padre comía, su hijo le echaba una mano en el trabajo, y así estuvo hasta los 12 años, cuando entró a trabajar en una droguería de la calle Tiro de la Trinidad y ya comenzó a ser conocido, incluso por sus amigos, como ´Antonio el droguero´.
Pero las ganas de aprender le llevaron a compaginar este trabajo con la escuela de artes y oficios por las noches, para estudiar ebanistería. En la calle Tiro montó un taller de ebanista, de modo que, como explica, "trabajaba 16 horas diarias, 8 en la droguería y 8 en la ebanistería". 
En 1949 se casa con Inés, con la que tiene dos hijos, Mariano e Inés, y a mediados de los 50, unos primos de Brasil le animan a dar el salto y hacer fortuna al otro lado del charco. "Me dijeron que podría ganar tres veces más que en España", explica.

Brasil.Y lo cierto es que Antonio Triviño destaca que, en los dos años que estuvo en Brasil, "caí de pie". En un país en el que escaseaban los ebanistas, su jefe le llevaba al trabajo en coche y a la salida, "los jefes de los talleres se ponían en la puerta para ofrecerme que me fuera con ellos". Una enfermedad tropical muy grave, que le hizo perder kilos y mucha salud, le hizo volverse a España. 
Fue entonces cuando, "a principios de 1956", monta la droguería ´Triviño´. Y aunque señala que la carpintería, realizada por él mismo, ha cambiado algo, su hija Inés piensa que la tienda apenas ha cambiado de aspecto en este más de medio siglo.
Uno de los compañeros de la droguería y que puede apreciarse en la foto de arriba, es el peso belga, adquirido incluso antes de abrirse la droguería, comprado a plazos. Para demostrar el perfecto funcionamiento de esta máquina de precisión, Antonio coloca un folio encima de una de las pesas y la balanza se mueve ligeramente. Una estupenda inversión. 
El droguero malagueño todavía prepara las ceras para los barnizadores, de colores distintos según el mueble a reparar: blanco, roble, castaño, nogal... "Esto no lo hace en Málaga nadie más que yo. Cuando pongo el calderillo para hacer la cera para los barnizadores me vienen las abejas y hasta se me paran encima", cuenta.
En la actualidad, la droguería conserva anuncios originales de los años 50 y 60, por los que a veces vienen clientes ofreciendo mucho dinero, pero la droguería ´Triviño´ no vende el esfuerzo de muchos años, ganados gracias al tesón de Antonio, el droguero de la Trinidad.

Aqui tenemos un elace a dicho artículo :
La opinión: La Drogueria de la Trinidad